La magia de San Juan

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Mi hoguera de San Juan

La noche más corta del año, el día más largo, ha llegado. Al margen de discusiones acerca de la fecha exacta, asistimos a un periodo del año en que el Sol nos regala su energía, recargándonos la batería con su fuerza y magnetismo. Desde el invierno, le ha ido robando discretamente horas a la noche, y ya toca poco a poco ceder al encanto de la dama Luna que, desde el solsticio de verano, vuelve a ganar tímidamente protagonismo en los cielos estrellados.

Y es en este momento de máximo apogeo del Sol cuando, a lo largo de todo el globo, celebramos nuestra comunión con el astro. Unxs de una manera, otrxs de otra, pero todxs coincidimos en que hay que hacer un alto en el calendario para rendirle homenaje, a la vez que revisamos nuestra posición en la Tierra. Rituales de todo tipo se han ido tejiendo a lo largo de la historia para celebrar este momento tan mágico e íntimo del año, configurando una red de fiestas que se han ido adaptando a todos los credos conservando su carácter eminentemente pagano.

Saltamos hogueras, saltamos las olas del mar, nos bañamos en agüita dulce o salá, recogemos hierbas curativas, potenciamos nuestra clarividencia en manchas de huevo o café, comemos, bebemos… festejamos! El paso de las estaciones culmina en el generoso verano, que nos brinda luz y alimento, recordándonos que estamos provistxs de todo lo que necesitamos para vivir en esta Tierra y ser felices en ella.

Cada día es una oportunidad para conocer un nuevo “hoy” en el que descubrir el mundo por primera vez. Si bien es un ejercicio diario para el que podamos encontrar infinidad de excusas en contra (inercias en forma de preocupaciones, miedos, resentimientos y culpas), cierto es que en nuestra mano está posicionarnos en esa intención, haciéndola cada vez más real. La noche y día de San Juan son un momento idóneo para hacerlo con plena consciencia, a sabiendas que los cambios ejercidos por el Sol en la Tierra sin duda ejercen un cambio sobre ti. Y si consideras que esta fecha no es la más indicada para ti por el motivo que fuera, por sea cual sea la situación que atraviesas, recuerda que la magia está disponible para ti en el momento en que tú le haces un hueco en tu vida.

¿Y por qué no? Regálate ese momento. Respira en la noche y siente como en cada expiración se libera aquello que sobra en tu vida, mientras en cada inspiración te llenas con la plenitud que te mereces. Respira el ahora, nada más. Todo lo demás deja de existir para fundirte con un presente eterno que te pertenece. Aprovecha los elementos que están a tu disposición:

  • Purifícate con el fuego. Tú creas tu propio ritual con él. Puedes saltar por encima las nueve veces de rigor que en mi tierra se estipula, o puedes quemar en él un papel en el que figure todo aquello que desees alejar de tu vida. Sobre todo puedes contemplarlo y fundirte con su poder para centrarte en el momento presente. Siente que un pedacito de Sol vibra frente a ti y nútrete con su energía.
  • Renuévate con el agua. Puedes saltar las olas sintiendo que, al igual que ellas, todo en la vida viene y va. “Ondiñas veñen, ondiñas veñen. Ondiñas veñen e van!” Excepto aquello que permanece eterno e inmutable y sobre lo que a menudo perdemos la consciencia. Báñate en el mar, en el río, en la bañera o sumerge tu rostro en el lavabo de tu baño. Siente como te acaricia el agua que te rodea y como ésta se lleva todo aquello que ya no te sirve, que te pesa. Lava tus heridas y permite que se ablanden. El agua se encarga del resto.
  • Fúndete con la tierra. Quizás quieras recoger alguna planta que te ayude en lo que necesites en esta fecha en la que el Sol propicia que sus principios activos sean más fuertes. Siente cada paso y agradece cada regalo que se le brinda a tus sentidos. Eres parte de todo.
  • Libérate con el aire. Hagas lo que hagas, recuerda respirar, renacer en cada respiración, dejar que el ahora entre en ti y que salgan el antes y el después. Respira. Respira. Respira.

Eres libre de crear este momento, de fundirte en él y ser plenamente presente en cada recoveco suyo/tuyo. Ayúdate de lo que precises. Acompáñate de quien quieras o regálate un instante de soledad. Nadie mejor que tú para construir ese espacio en el que ser libre y amar, para reconciliarte contigo mismx y con el mundo, para recordar quien eres y por qué estás aquí. Créete merecedor/a de la vida que custodias y mímala, pues nadie más va a vivirla por ti.

Feliz San Juan, feliz Vida.

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