El Taller Móvil de Teddy

El canto de los pájaros, el destello del sol sobre hojas de todos los colores, la presencia de nuestros ancianos árboles, el sonido de un arroyo descendiendo por la montaña… La estampa es tan seductora que muchxs hemos sucumbido a su belleza para convertirla en nuestro hogar. Fluir con el ritmo del sol y la luna, inspirar profundo y disfrutar del sabor del aire que invade tus pulmones, apreciar los estímulos que el entorno te regala… Vale con creces la pena planteárselo ¡y dar pasos en esa dirección!

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La vida en el campo, la vuelta a la naturaleza, es un sueño para muchxs. Allá a lo lejos, en la fantasía, es perfecto. La magia de lo sencillo le traerá paz a tu alma, tendrás mucho tiempo para hacer lo que más disfrutes y tu salud se verá restaurada. Bien, una vez el sueño se va acomodando en la realidad, confirmas que tenías razón y tu alma se sincroniza con la magia de lo sencillo, aprovechas el impulso para hacer aquello que más disfrutas y, simplemente, te encuentras mejor. Pero… ¡eso sí! Mientras la vida se va asentando en su nuevo orden, comienzas a darte cuenta de que un chasquido de dedos no es suficiente para materializar todo aquello que habías idealizado…

Pasar de la ciudad al campo implica asumir muchos nuevos cambios, aprender cosas sencillas pero importantes que hasta ese momento no habían sido necesarias y… ¡trabajar! La ilusión de ese comienzo te hace motivarte en esa auto-reinvención, asumiendo que te queda un largo camino que recorrer desde lo urbano hasta lo rural, desde lo estandarizado hasta lo salvaje. El cuerpo, la mente y el espíritu se alinean (con caaaaaaaaaalma) en ese tránsito en el que eres un/a extrañx para ti mismx… ¡Sencillamente emocionante! A veces puedes caer en el desánimo y observar un camino demasiado largo hacia una meta demasiado lejana. Otras, te aplicas el ungüento “amorcito para mi corazoncito” y aceptas que no existe meta más amable que el propio camino… y comienzas a disfrutarte, a darte la oportunidad de tenerte paciencia, de saborear con humildad tu ignorancia, de reconocer la originalidad de la creación a través de tu propia existencia.

A día de hoy, camino. Estuve en un punto ayer, desconozco el punto en el que estaré mañana, pero mi mirada curiosa me empuja a desentrañar el punto en el que hoy estoy. Por supuesto, este punto acoge más enseñanzas de las que puedo asimilar, pero procuro mantener las prisas a raya. Sueño, me agito al ver la distancia que me separa de aquello que sueño y luego comienzo un caótico caminar que poco a poco va adquiriendo unos sutiles tintes de orden. Lo importante es caminar, ya mis pasos se reorientarán hacia donde corresponda a medida que los aprendizajes se integren en toda esta estructura que conforma la experiencia humana.

Algo que me anima muchísimo a la hora de vivir esos sueños es descubrir que otrxs también se atrevieron a soñar, a caminar, a aprender. Mi último “descubrimiento” es Detlef Teichert, una inspiración de dos patas y cuatro ruedas. Alemán de 60 años que ha desarrollado su ingenio y creatividad al servicio de múltiples comunidades alternativas en el medio rural. De hecho, gran parte de su experiencia sirvió a Matavenero, pueblo leonés que tuve el acierto de visitar hace unos años. Allí, Teddy desarrolló y amplió el sistema de aguas, impidiendo la erosión de caminos y adaptando tecnologías que facilitaran la vida de la comunidad, como pueden ser el teleférico y la ducha solar. Simplemente, me encanta ver de lo que somos capaces con pocos medios pero muchas ganas.

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Así que Teddy se ocupa de que los proyectos alternativos en el medio rural que lo precisen puedan contar con un sistema de aguas: suministro, reutilización, reciclaje… Enumerar todo aquello en lo que este maestro ha conseguido entrenar sus destrezas excedería mis pretensiones a la hora de compartir esta entrada en Busgosa, pero como sé que te has quedado con ganillas de más, puedes acceder directamente a su página pinchando aquí.

Damos por hecho que el agua está dispuesta a visitarnos a través de nuestros grifos, pero para poder llegar hasta ahí ha necesitado hacer un largo viaje. Teddy ha sabido compartir ese viaje con el agua y convencerla para que visite a quien precisa de ella. Pocos gestos hay más gentiles que este.

Para dar respuesta a estas necesidades tan vitales como son el acceso al agua y la energía, Teddy plantea su Taller Móvil, un camión equipado con un sistema solar y un contenedor-taller en el que disponer de todas las herramientas necesarias para materializar los sueños de aquellxs que se han atrevido a apostar por un estilo de vida más sostenible. Ahora bien, como sabrás, todo proyecto necesita de apoyo, y el Taller Móvil de Teddy precisa de un empujoncito para poder seguir sirviendo, a su vez, a otros muchos proyectos. Es por ello que ha lanzado una campaña de crowdfunding a través de Goteo.org. Si quieres conocer más a fondo su propuesta e incluso apoyarle con tu pequeña o gran donación, visita su proyecto haciendo click aquí.

Gracias a todas las personas que, como Teddy, escucháis aquello que vuestros corazones os susurran, inspiráis a aquellxs que en algún momento dudan/dudamos y os atrevéis con cambios verdaderamente significativos. Sois muchxs, diversxs y geniales! Gracias, gracias, gracias!

Y ya que voy terminando por hoy… desearte fuerza para atender a lo que se te presente, claridad para discernir en los momentos en los que la confusión pueda abotargar tu mente y amor para emprender un ahora en conexión con todo.

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