Trascendiendo la dualidad

Ayer, después de dar todas las vueltas que consideraba tenía que dar por la casa, tomé asiento en este mismo taburete en el que ahora mismo reposo, encendí el mismo ordenador que ahora tecleo, hice uso de la misma determinación de venir aquí a contarte algo y… ¿sabes qué pasó? Que no sabía cómo contarte lo que te quería contar.

Improvisé un par de inicios a partir de los cuales no podía seguir fluyendo, me distraje con asuntos que normalmente no despiertan mi atención, decidí quitarme infructuosamente un pincho que tenía clavado en el dedo corazón, volví a leer lo escrito y me pregunté: “¿quién está escribiendo?” De ninguna manera era Busgosa la que escribía. ¿Entonces quién? Para… Respira… Siente… Ya. La perspectiva de que el mensaje fuera leído por otra persona distinta a mí generó una ruptura con la fuente de la que todxs bebemos. Lo único que conseguí fue expresarme como una especie de anuncio de pomada para almorranas, y te puedo asegurar que no era eso de lo que quería hablar!

¿Quién soy? ¿Quién escribe? ¿Quién lee? ¿Quién siente? En el momento en que me vivo diferente a la persona a la que me dirijo, se desvanece el mensaje. No puede haber conexión real, ni comunicación efectiva, si yo soy otra cosa que tú no eres, si tú eres algo que yo no soy. Así que… sólo queda una opción: sintonizar el mensaje que nos une, observar de frente aquello que es.

Y es que tú y yo no somos tan diferentes. Llegamos, nos vamos y, entre medias, aprendemos a vivir. En el momento en el que pongo el acento en la diferencia, me alejo de ti. Pero si mi consciencia habita en lo que compartimos… vía libre, las barreras se desvanecen. Así que no hay nada mejor para hablar contigo… ¡que hablar conmigo! Tanto “contigo”, “conmigo”, “tú”, “yo” acaba por marear un poco, ¿no? Dejémoslo estar. Todo es lo mismo.

¿Tú te acuerdas? ¿Te acuerdas de cuando eras niñx? ¿Qué ha pasado en ti desde entonces, aparte de unos cuantos años? Muchas vivencias que condicionan, muchas heridas que marcan, muchas caídas que lesionan… mucho que aprender… ¡más todavía que desaprender! Porque cuando miras hacia atrás para comprender la persona que hoy eres, puedes sentir el lastre de todo aquello que te ha hecho pupa… pero también puedes sentir la fiereza que te ha traído hasta el día de hoy, y sonreír. Puedes quedarte en el error, en el rencor, en la llaga. Y puedes vivir en el sol, en la luna, en la bravura de los ríos, en la magnanimidad de las montañas, en la fragancia de los campos recién llovidos, en el sonido del viento, en el olorcico a sal de mar, en tu intrínseca bondad y pureza. Puedes apaciguar la mente, liberar el cuerpo y recuperar la inocencia de los sentidos para que te traigan a este momento presente en el que descubrir de nuevo el mundo y disfrutar de él. Puedes caminar descalzx por la tierra, bailar la música que tu corazón compone, comer con las manos y sonreirle al espejo. Puedes ser libre, hacer y dejar de hacer, sentir quién eres en cada momento y entregárselo al mundo. Acabas de llegar a la vida y tienes la información más importante incorporada en tus entrañas. No necesitas manual de instrucciones, te sobran los cánones, las reglas no existen… ¿Relojes? ¿Calendarios? “¿El que oh?”, responderían preguntando en mi Asturias adoptiva. Permítete este ahora y respíralo, gózalo, es tuyo. Tiene sabor, olor, brilla, suena, vibra. Descúbrelo… Fúndete en él.

libres-de-ser

No hay nada que hacer. No hay nada que hacer. No hay nada que hacer.

Expulsa lo que ya te sobra. Vacíate de penas, de llanto ahogado, de ira contenida, de culpa, de resentimiento, de miedo. Absorbe lo que necesites. Llénate de luz, de belleza, de inocencia, de fantasía, de sueños, de palabras bonitas. Tu madriguera es el mundo, tu padre el sol, tu madre la luna. Vívelo. ¿Qué puede pasar? Recuerda quién eres más allá de quién crees haber aprendido que eres.

Sí, un momento de subidón y de exaltación de la vida lo tiene cualquiera 🙂 ¡Y que perdure! Pero de pronto, en mitad del encuentro con ese recuerdo de quien unx es, nos topamos con otro ser que nos invita a formar parte de otro mundo. Un mundo en el que aparecen prisas, guiones de vida precocinados, “tienes que”, comparaciones, expectativas, fracasos, intereses, posesiones, carencias… ¡Aaaaahhh! (emoticono sudoroso que se lleva las manos a la cabeza). Bien. Respira. Relax…

Testéalo, si quieres experimentar. Encorsétate en un rol predefinido, muévete por un espacio limitado, aprende y respeta las normas del juego (o sáltatelas ateniéndote a las consecuencias). O quizás sientes que ya has tenido bastante, y que por lo tanto puedes entrar y salir del tablero a conveniencia, sin identificarte con una mera ficha cuya vida se limita a los confines de las normas.

Recuerda, haz memoria… Y vive más allá de esas casillas que de pronto se extienden en todas direcciones. Recuerda, haz memoria… Y sé consciente de que quien te invita a regresar al tablero de juego también necesita recordar que es más que una ficha, que los dados no determinan necesariamente sus movimientos y que se puede jugar a más cosas, la repetición puede llegar a aburrir si no es libremente elegida. Recuerda, haz memoria… que lo que compartimos es más grande que lo que nos hace diferentes. Que todxs aprendemos y desaprendemos. Que todxs tenemos heridas, que todxs perdemos la perspectiva, que todxs olvidamos que hemos venido a jugar. Así que recuerda, haz memoria… ¡¿Jugamos?! 🙂

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s