Invierno Yin, Invierno Introspectivo

Los días son más cortos, las noches más largas. Hace frío, llueve, nieva… Salir de casa implica doble par de calcetines, de pantalones, dos chaquetas por debajo del abrigo, quizás algo para abrigar el cuello y gorro en caso de agua o nieve. Siento los dedos de los pies y de las manos heladitos en la mañana. También retomo el ritual de quitarme las botas y ponerme las zapatillas antes de entrar en casa y así evitar continuas huellas de barro. El barro… ese intruso que discretamente despega desde el suelo para aterrizar en mi ropa (cualquier parte ubicada entre los pies y la cabeza le parece apropiada), y acelera el uso de la lavadora, el mejor invento de la humanidad según mi madre. Ya no se oye el “crash, crash” de las hojas secas bajo mis pies al caminar; en su lugar retumba el “chof, chof” los días de lluvia, o el “prup, prup” los días de hielo o nieve. Sí, esto es el invierno. Winter is here!

¡Y gracias, invierno! Es cierto que quizás bufe con más frecuencia por lo incómodo de la climatología, pero reconozco lo bienvenido que es. La tierra tenía sed, y por ahora el invierno la está complaciendo. Las nubes cumplen su función vaciándose sobre nosotrxs, alimentando ríos y regatos, pintando ese verde que crea silencios de admiración, aplacando fuegos que pedían descanso, limpiando el aire que compartimos… y pariendo charquitos para jugar.

El huerto descansa parcialmente estos meses. La cocina se despierta y pide leña y más leña que respetuosamente le suministramos. Las gallinas, en contra de lo esperado con este tiempo, se arrancan a poner huevos como si les fuera la vida en ello, así que se incrementa el tiempo destinado a la repostería en casa. Y… aunque parezca que pasan menos cosas, la verdad es que incluso pasan más! El invierno invita a introspectar.

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El invierno, la estación más yin del año. Por más que te empeñes en mantener la actividad habitual, no puedes negarte a este ritmo diferente que te impone. El sol marca los tiempos. Te acompaña durante menos horas que en otras estaciones para recordarte que necesitas descansar, reponerte, cuidarte, alimentarte mejor y volver a descubrirte en el recogimiento del hogar, de la madriguera, o del útero, ese lugar al que regresas para hablar contigo, para sentir quién eres, para silenciar el ruido que te distrae y aleja de tu propósito. La mirada se vuelca necesariamente hacia dentro, hacia ese rincón oculto en el que vas acumulando lo que en su momento fuiste desatendiendo, heridas purulentas, llantos no derramados, ira no cantada y miedos no temblados. Ese lugar en el que, si buscas, también encuentras polvo y telarañas cubriendo sueños “olvidados”, motivaciones puras y mucho amor pendiente de liberar.

El cuerpo no pide tanta fiesta, ni tanta expansión. Introspectar, emprender ese viaje hacia dentro, replegarte hacia lo desconocido que brota en tu interior y recalcular la hoja de ruta. Sí, ya, puede ser duro, puede dar muuuucha pereza, pero es necesario de vez en cuando. A veces me sorprendo descubriendo todas las lágrimas que se agolpan dentro y que no dejé salir, que tapé con una sonrisa y ¡a otra cosa, mariposa! Muchas lágrimas que nacen de una fuente cuyo origen poco a poco voy descubriendo, y que poco a poco me voy dando el permiso de sanar. Poco a poco. A fueguito lento. La dureza de toparse con las propias sombras genera un impulso de huída casi irrefrenable. La tentación de correr un es-tupido velo frente a ellas es tan fuerte… que asumimos el riesgo de postergar un aprendizaje que clama por ser descubierto. Pero… no me apetece repetir, y repetir, y repetir, y repetir. En vez de eso, me apetece encarar el miedo, aceptar que está ahí y permitir que conviva conmigo mientras me adentro más y más en la cueva invernal.

Y es que… ¿sabías que en la Medicina Tradicional China, el invierno está asociado con la emoción del miedo? Curioso, ¿no? Justo cuando disponemos de menos luz, cuando la noche se cierne sobre nosotrxs proyectando todas sus sombras. Muchachxs… ¡esto hay que verlo! Tenemos tan sumamente identificado el concepto de “luz” con positivo, y el concepto de “oscuridad” con negativo, que el encuentro con esa faceta menos linda de unx mismx lo dejamos de lado. ¿Y qué sucede si no existe ni lo bueno ni lo malo? Si ambas conviven… es porque se necesitan la una a la otra, y no hay contraste posible si desconocemos las dos protagonistas de esta historia. ¿Por qué generar conflicto alrededor de estas dos fuerzas antagónicas? Permitamos que convivan, escuchemos lo que tienen que enseñarnos, abramos las puertas al respeto, la tolerancia y la paciencia. ¡Qué fácil es predicar, ¿no?! Jejeje. Ejemplificar es otro cantar, y en ello estamos, encontrando en cada momento la oportunidad para reconocer qué sucede dentro, mientras observo qué sucede fuera. Vivir dentro, vivir fuera y poder gritar “¡abajo los muros de las prisiones!” (esto se me ha colado “anárquicamente”, pero ¡me niego a reprimir el cántico! :D)

Y… ¿sabías que en Medicina Tradicional China el sabor asociado al invierno es el salado? No sé cómo saben tus lágrimas, pero las mías saben a mar. Así que toca liberar el exceso de sal. Nos cuesta… De bebés nuestra madre nos susurra “no llores, ea, ea, ea, ea”. Crecemos con el mensaje de “llorar es de débiles”. Por no hablar del evidente disgusto que se lee en la cara de quien nos quiere cuando nos ven llorar… Así que… aprendemos a tragarlo, a guardarlo bajo la alfombra, a ocultarlo incluso de unx mismx. Pero… ¿sabes qué? No nos hace ningún bien, y tampoco hace falta. Libera el llanto de su estigma, abre las compuertas de tu pecho y permite que suceda. Es difícil, ya, ¿qué me vas a contar? Mucho llanto he ido almacenando a causa de mi dificultad para expresar la tristeza, pero lo que he aprendido, también lo puede desaprender y dejar espacio a una nueva manera de afrontar la vida, más amable, consecuente e integradora. Ahí estamos, como diría un buen amigo, el 1 antes que el 2.

Los días tienen menos luz, sí. El frío entumece los huesos, sí. Necesitamos más ropa (y más lavadoras!), sí. Pero… al igual que la naturaleza se repliega y descansa en su rebrotar y regalar cosechas, también tú y yo lo hacemos. Aprovecha esta invitación para mimarte y regenerarte. Observa qué sucede dentro de ti mientras respiras. Aunque sea por un momento, deja de lado los juicios, simplemente hazlo. Dale la mano al miedo y permite que te acompañe mientras conocéis la relación que os vincula. Cuidadín con los excesos de sal. Libera aquello que en su momento no has dejado salir y prepara un espacio acogedor para lo que tenga que venir. Recuerda que, a la vuelta de la esquina, se asoma la primavera.

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