Mujer…

8M, Día de la Mujer. La fecha se aproxima en el calendario y, como cada año, algo se me despierta dentro. Ya no participo en ninguna manifestación, se me quitaron las ganas de reivindicar lo nuestro… me apetece vivirlo. Es otro día más, cierto, con sus 24 horas, su día y su noche, su periodo de vigilia y su periodo de sueño. Pero… me entran más ganas de bailar, de cantar, de ser tan fuerte como las olas del mar, tan delicada como una gota de rocío en la mañana, de explorarme en todos mis registros y de agradecerme vivir…

Hoy es una oportunidad para descubrir lo femenino en el aullido del viento, en la piel de los árboles, en las piedras que el río suaviza a lo largo del tiempo. Mi naturaleza reside en cada rincón en el que  mi mirada se deposite, y es que dicen por ahí que en las mujeres predomina la conectividad entre ambos hemisferios cerebrales… Este dato siempre me ha hecho pensar, en mi mundo de ignorancia científica, que estamos equipadas con una brújula mágica que nos hace relacionar puntos aparentemente inconexos, dotar de significado detalles que pudieran pasar desapercibidos y leer eso que algunxs llaman señales. ¿No es Shakira la que canta algo así como que “las mujeres somos las de la intuición”?

Yo no sé si es la fecha o el revuelo preprimaveral, pero la aproximación al 8 de marzo… ¡me empodera! Y no, no me entran ganas de decirnos mejores que los hombres, ni tampoco que seamos iguales (tampoco menos, por supuestísimo). Una vez aterrizadxs en este planeta, nos hemos ganado el derecho a habitar nuestra propia existencia, independientemente de cualquier condición que pretenda definirnos, clasificarnos o separarnos. Lo doy por hecho, y creo que las trabas en el ejercicio de nuestra libertad no son exclusivas de las mujeres.

Pero como estos días hablamos de mujeres… ¡me vengo arriba! Me atrevo a soñar, a creer, a ser… me atrevo a atreverme. Lo que otros días puede ser considerado como riesgo o peligro, aquello que en otras ocasiones genera miedo y desconfianza, de repente se convierte en un resorte hacia delante, en un incentivo al propio crecimiento, en un motivo de risa y disfrute. El poder que adormecido nos espera en algún rincón de nuestro interior, despierta para mostrarnos la belleza que podemos crear a nuestro alrededor cuando le permitimos expresarse… la misma belleza de la que nace.

Y es que en los últimos meses, he tenido la fortuna de cruzarme con muchas mujeres, y todas ellas han pellizcado mi corazón, le han hecho pegar un brinco y amar un poco más. ¡Gracias a todas ellas! A las que acaban de llegar, a las que ya no están a mi lado, a las que permanecen con el paso del tiempo y a las que todavía no tengo el placer de conocer. Gracias, mujer, por ser valiente. Gracias, mujer, por crear realidades lindas de las que me haces formar parte. Gracias, mujer, por ser dulce, amarga, ácida, picante y salada. Gracias, mujer, por ser madre, hermana, hija, abuela y cuñada. Gracias, mujer, por ser salvaje, loca, bella, libre… tú.

Se nos han dicho muchas cosas a las mujeres. Unas nos gustan más, otras nos gustan menos. Pero lo que nadie nos puede decir a cada una de nosotras (ya sean emitidas por voces de hombres o de otras mujeres) es nuestra ruta de viaje. Cada una de nosotras es…

  • Linda como la luz del sol, perfecta en su brillar.
  • Irremplazable y única en su especie.
  • Buscadora de su verdad, incansable exploradora.
  • Reina de su propia vida, monarca de sus decisiones.
  • Empoderada! Como solo ella puede ser.

No suelo yo hacer muchas distinciones entre hombres y mujeres, la verdad. Entiendo, como mujer que soy, los retos a los que nos enfrentamos en este mundo (cada cultura con sus particularidades, incluida cada cultura familiar, local, empresarial…) Pero también puedo ver los retos que se les presenta a los hombres… Lo veo, pero… me voy a conceder el lujazo de poner hoy mi mirada en esa mitad de la población mundial en la que me incluyo. Y es que no es lo mismo… No quiero entrar en reivindicaciones ahora, aunque si dejo de teclear me asaltan las ideas de la mutilación genital femenina, la trata y otros muchos ejemplos que justifican gritos, puños en alto y pancartas. Respira… 1, 2, 3… ¡De vuelta!

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No, no, no, no… Tanto NO me aleja de lo que SÍ, que al fin y al cabo es lo que encierra la fuerza que genera el cambio. Sí somos fuertes, sí somos creativas, sí luchamos por nuestros sueños, sí tenemos acceso a todo nuestro potencial, sí podemos elegir, sí guardamos en nuestros corazones las semillas que germinan un mundo mejor, sí multiplicamos cuando en nuestra diversidad nos unimos, sí desbordamos gracia y alegría de vivir. Sí.

Recuerda, haz presente, que eres la única que vive la vida que se ha puesto en tus manos. Libera a la Doncella para que limpie tu mirada con su inocencia y te empuje con su fuerza. Implora a la Madre para que te proteja con su coraje y guíe con su luz. Despierta a la Anciana para que te muestre tu sabiduría innata y te envuelva en su sosegada presencia. Reconcíliate con la Diosa que eres. Permítete tu vida, mujer, a tu manera particular. Ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca!

 

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