Mujer…

8M, Día de la Mujer. La fecha se aproxima en el calendario y, como cada año, algo se me despierta dentro. Ya no participo en ninguna manifestación, se me quitaron las ganas de reivindicar lo nuestro… me apetece vivirlo. Es otro día más, cierto, con sus 24 horas, su día y su noche, su periodo de vigilia y su periodo de sueño. Pero… me entran más ganas de bailar, de cantar, de ser tan fuerte como las olas del mar, tan delicada como una gota de rocío en la mañana, de explorarme en todos mis registros y de agradecerme vivir…

Hoy es una oportunidad para descubrir lo femenino en el aullido del viento, en la piel de los árboles, en las piedras que el río suaviza a lo largo del tiempo. Mi naturaleza reside en cada rincón en el que  mi mirada se deposite, y es que dicen por ahí que en las mujeres predomina la conectividad entre ambos hemisferios cerebrales… Este dato siempre me ha hecho pensar, en mi mundo de ignorancia científica, que estamos equipadas con una brújula mágica que nos hace relacionar puntos aparentemente inconexos, dotar de significado detalles que pudieran pasar desapercibidos y leer eso que algunxs llaman señales. ¿No es Shakira la que canta algo así como que “las mujeres somos las de la intuición”?

Yo no sé si es la fecha o el revuelo preprimaveral, pero la aproximación al 8 de marzo… ¡me empodera! Y no, no me entran ganas de decirnos mejores que los hombres, ni tampoco que seamos iguales (tampoco menos, por supuestísimo). Una vez aterrizadxs en este planeta, nos hemos ganado el derecho a habitar nuestra propia existencia, independientemente de cualquier condición que pretenda definirnos, clasificarnos o separarnos. Lo doy por hecho, y creo que las trabas en el ejercicio de nuestra libertad no son exclusivas de las mujeres.

Pero como estos días hablamos de mujeres… ¡me vengo arriba! Me atrevo a soñar, a creer, a ser… me atrevo a atreverme. Lo que otros días puede ser considerado como riesgo o peligro, aquello que en otras ocasiones genera miedo y desconfianza, de repente se convierte en un resorte hacia delante, en un incentivo al propio crecimiento, en un motivo de risa y disfrute. El poder que adormecido nos espera en algún rincón de nuestro interior, despierta para mostrarnos la belleza que podemos crear a nuestro alrededor cuando le permitimos expresarse… la misma belleza de la que nace.

Y es que en los últimos meses, he tenido la fortuna de cruzarme con muchas mujeres, y todas ellas han pellizcado mi corazón, le han hecho pegar un brinco y amar un poco más. ¡Gracias a todas ellas! A las que acaban de llegar, a las que ya no están a mi lado, a las que permanecen con el paso del tiempo y a las que todavía no tengo el placer de conocer. Gracias, mujer, por ser valiente. Gracias, mujer, por crear realidades lindas de las que me haces formar parte. Gracias, mujer, por ser dulce, amarga, ácida, picante y salada. Gracias, mujer, por ser madre, hermana, hija, abuela y cuñada. Gracias, mujer, por ser salvaje, loca, bella, libre… tú.

Se nos han dicho muchas cosas a las mujeres. Unas nos gustan más, otras nos gustan menos. Pero lo que nadie nos puede decir a cada una de nosotras (ya sean emitidas por voces de hombres o de otras mujeres) es nuestra ruta de viaje. Cada una de nosotras es…

  • Linda como la luz del sol, perfecta en su brillar.
  • Irremplazable y única en su especie.
  • Buscadora de su verdad, incansable exploradora.
  • Reina de su propia vida, monarca de sus decisiones.
  • Empoderada! Como solo ella puede ser.

No suelo yo hacer muchas distinciones entre hombres y mujeres, la verdad. Entiendo, como mujer que soy, los retos a los que nos enfrentamos en este mundo (cada cultura con sus particularidades, incluida cada cultura familiar, local, empresarial…) Pero también puedo ver los retos que se les presenta a los hombres… Lo veo, pero… me voy a conceder el lujazo de poner hoy mi mirada en esa mitad de la población mundial en la que me incluyo. Y es que no es lo mismo… No quiero entrar en reivindicaciones ahora, aunque si dejo de teclear me asaltan las ideas de la mutilación genital femenina, la trata y otros muchos ejemplos que justifican gritos, puños en alto y pancartas. Respira… 1, 2, 3… ¡De vuelta!

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No, no, no, no… Tanto NO me aleja de lo que SÍ, que al fin y al cabo es lo que encierra la fuerza que genera el cambio. Sí somos fuertes, sí somos creativas, sí luchamos por nuestros sueños, sí tenemos acceso a todo nuestro potencial, sí podemos elegir, sí guardamos en nuestros corazones las semillas que germinan un mundo mejor, sí multiplicamos cuando en nuestra diversidad nos unimos, sí desbordamos gracia y alegría de vivir. Sí.

Recuerda, haz presente, que eres la única que vive la vida que se ha puesto en tus manos. Libera a la Doncella para que limpie tu mirada con su inocencia y te empuje con su fuerza. Implora a la Madre para que te proteja con su coraje y guíe con su luz. Despierta a la Anciana para que te muestre tu sabiduría innata y te envuelva en su sosegada presencia. Reconcíliate con la Diosa que eres. Permítete tu vida, mujer, a tu manera particular. Ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca!

 

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Caminar entre árboles… Ser árbol

Síndrome premenstrual. Esos días en que la sensibilidad se hace fuerte y presenciar cualquier detalle nimio supone romper en llanto… Una sonrisa, una caricia discreta, una chimenea echando humo, una tímida flor morada que se asoma entre el omnipresente verde, la perra enroscándose para echarse una siesta, una persona ayudando a otra a cargar con algo pesado… El día a día se colma de pequeñas cosas de una intensidad desmedida. Tanto estímulo colapsa los sentidos, estruja el corazón y le susurra “ey, eres parte de esta belleza, no lo olvides”.

Síndrome premenstrual. Esos días en que todo parece confuso, en que todo cuesta un poco más, en que todo se descoloca de una forma un poco rara. Dudas, incertidumbres, dilemas, pasos patosos, ausencia de necesidad de socializar, ganas de chocolate e hidratos de carbono varios, arrebatos de un cómico dramatismo que a estas alturas ya sé situar en mi calendario ovárico. Es que… mis ciclos es lo que tienen…

Salir… “beber, el rollo de siempre…”,se me ha colado Extremoduro. Ignoremos esta intromisión musical (si guardara 1€ por cada una de estas, ya tendría para comprar un cajón para las abejas… ¡o un remolque para el Suzuki!). Como iba diciendo… Salir… Calzarse las botas, hincharse los pulmones de aire nuevo, llenar los bolsillos de nueces y dirigir los pasos hacia algún lugar en el que sentirse más lobx (o ardilla) y menos humanx culturizadx.

Caminar tiene ese efecto terapéutico, ¿no? Si la mente va rápida y desenfocada, apuras el paso. Los pies contra el suelo emiten una especie de mensaje que recorre piernas, espalda, pecho y garganta para llegar hasta la cabeza, donde explota en un eco que retumba por encima del desorden. Pronto sientes el corazón latir con más brío, las mejillas cálidas a pesar del frío. El aire demuele obstáculos a su paso y llega hasta el último rincón de tu ser. Y todo a tu alrededor… despierta poco a poco. Tus pasos se espacian más para poder formar parte de ese momento. Recuerdas la belleza que te rodea de repente y decides dejar que se cuele por cada poro de tu piel. Te concedes el permiso de merecerla y disfrutarla. Es tuya. Eres tú en ella. Es.

Algo que me encanta contemplar cuando camino son los árboles. Parecen estar ahí desde siempre y, sin embargo, son tan finitos como tú y como yo. Un día nacen y un día mueren. Entre medias, viven. Y… ¡son tan sabios! ¿Te has fijado alguna vez, que cuando sopla el viento sus hojas aplauden? Eso sucede sobre todo si están secas. Fíjate, todavía les quedan fuerzas para aplaudir. Ejemplares…

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Mi compañero se los sabe todos. Va nombrando cuál es cuál y explica sus utilidades: el castañar (castaño) aguanta mucho, perfecto para la estructura de una casa sólida y duradera. El abedul es muy ligero, pero resiste menos, así que lo podría usar para ese invernadero móvil que quieres que te haga para el huerto (mis obsesiones con la rotación de cultivos y la necesidad de proteger los tomates del clima de la montaña asturiana). El rebuchu (roble) tiene unos dibujos muy bonitos, así que podría hacer un reloj, o una lámpara. Y así con todos. Una vez concluída su lección de botánica aplicada a la construcción, culmina con un “¡cuánta leña, eh?!” Siempre pienso que debió de pasar mucho frío en otra vida, es lo único que explicaría su obsesión con la leña.

Caminar me deja, por supuesto y afortunadamente, espacios para el silencio. Y en esos espacios me limito a admirar la vida de esos árboles, a aprender de su majestuosa sencillez. Un árbol es y está ahí. No le pidió permiso a nadie, ni tampoco fue a un registro a que le asignaran un número y un carnet obligatorio. Le da igual que tú lo admires o lo rechaces. No le importa que bendigas su sombra, o que la maldigas… va a seguir dándotela. No espera a que le digas lo que tiene que hacer, así que hunde sus raíces en la tierra en busca de respuestas y alza sus ramas hacia el cielo implorando al sol. Sea lo que sea lo que estos le cuentan, cada vez se hace más fuerte. No necesita que le agradezcas el oxígeno que te regala, pero te lo da igualmente. Esparce sus frutos por la tierra sin interés alguno, independientemente de que los recojas o no. Ofrece cobijo a pájaros y ardillas, líquenes y setas. Su esencia es perfecta. Un árbol, es un árbol. Su naturaleza, es ser árbol.

Y es que… además, se permiten responder a la necesidad de ser, y saben ser muy bien. No hay uno igual a otro. Los hay que crecen rectos hacia arriba, sin una curva, muy serios ellos entre los demás. Los hay que muestran sus vigorosas cicatrices de guerra sin ocultarle nada a nadie. Los hay que prefieren rodearse de otros árboles y los hay que prefieren vivir en solitario. Los hay que esconden su corteza tras el musgo y le ceden el protagonismo. Los hay que, desafiando las normas, crecen paralelos al suelo (¿ponemos un columpio?). Los hay que se fusionan con el de al lado formando una especie de árbol siamés. Los hay rugosos y lisos, altos y bajos, gordos y flacos…

Todos ellos, juntos y en equipo, configuran el bosque en el que te pierdes, oxigenas y encuentras. Son el hogar de águilas y cuervos, gnomos y duendes. No se lo han propuesto, pero lo han conseguido. Y es que, juntos o por separado, los árboles cumplen su función, saben lo que tienen que hacer y lo hacen. Ejemplifican la obra maestra que todxs podemos llegar a ser si nos lo permitimos. Así como el árbol es perfecto en su genuina singularidad, también tú y yo en la expresión de nuestra naturaleza más esencial. Así como el cerezo no puede pretender ser un acebo, tú no puedes pretender ser fulanx o menganx. El cerezo ofrece cerezas porque sabe que es un cerezo. Y tú puedes ofrecer lo que eres porque sabes quién eres. Y antes de empezar a desvariar sobre macedonias y cócteles de frutas (y, lo que es peor, canciones de campamento asociadas…), te animo (me incluyo) a sentirte árbol sin serlo, a hundir tus raíces en la tierra y erguir tu cuerpo hacia el cielo, a crecer de la forma que mejor responda a tu naturaleza y a regalar la deliciosa fruta que sólo de ti puede nacer.

Transforma el ruido de tu mente en un regalo para el alma

Me encanta el silencio… Su apacible presencia me desapega de lo que me parecía relevante hace un instante. Embalsama mi cuerpo, expande mi mente y casi me da alas. Suave caricia que me devuelve a la quietud fetal, perfecta nana que me sumerge en el infinito. Es tan delicioso… como efímero.

El silencio consigue fusionarse con el chisporroteo del fuego, el canto de los pájaros, el viento, los cencerros de vacas, ovejas y cabras, la lluvia, el revolcón de un par de gatxs traviesxs, el crujido de la tierra bajo los pies de lxs caminantes… Juntxs crean una sinfonía silenciosa, una sinergia de la que soy participe a través del sonido de mi respiración. La sinfonía silenciosa es de una delicadeza extrema y capaz de enternecer al corazón intrépido que se asoma al ahora.

Y sin recibir la invitación de nadie, sin escrúpulos ante momentos de tal belleza… Irrumpe esa loca con maracas y gaitas que vive en la azotea. Le encanta hacerse oír y desbancar al silencio con sus estridencias y cabriolas. Indómita, rebelde y necia, terca como una mula (y mira que son tercas las mulas…). Así es ella cuando se lo propone, cuando le permito desde mi inconsciencia tomar la batuta de la orquesta. Y es que la mente… ¡se las trae! Danza, salta, parlotea y poco le importa que haya limpiado u ordenado por ahí arriba. A ella le encanta verlo todo, es curiosa, exploradora, todo lo quiere saber. Una vez empieza… ¡no para quietecita! Va de un lado a otro olisqueando, opinando, lanzando juicios y quejas. Es inconformista a la vez que cobarde, siempre prefiere huir a otro espacio-tiempo diferente al aquí-ahora y me niega el “simplemente”. ¡Ay, mente! ¡Qué pretenciosa me eres! Aunque esa sea tu naturaleza… no es tu meta.

No hay mayor cotorra… Quien inventó el TDAH se limitó a definir su propia mente, me temo. Pero… esta linda cotorrita, con tantas ganas de marearnos, de llevarnos por mil derroteros cada cual más extraño y de hacernos creer lo que no es… es una gran sierva, si conseguimos entrenarla como tal. No le gusta el látigo,  ni las órdenes,  así que tampoco hace falta que se los muestres. No se trata de eso. Pero… ¿y si entablamos una relación de amistad? Aceptemos su espíritu inquieto, su ávida necesidad de investigar más allá del ahora, su caminar de puntillas en varias direcciones dejando a su paso discretos y confusos rastros. Aceptemos que le falta brújula… ¡y ofrezcámosela!

Personalmente, no me gusta la TV, pero creo que representa un símil de lo que quiero explicar. Tantas cadenas, tan diferentes, tantos registros. Coges el mando y presionas los botones prestando una ligera atención a lo que muestra la pantalla. No te interesa, cambias. Esto tampoco, cambias. Ni esto, cambias. Haces zapping cómodamente reposadx en el mejor de los sillones y… ¡detente! Parece que hay algo que te impide cambiar de cadena. Estupendo, no cambies. Explóralo, date el permiso de conocer sus detalles, investiga sus recovecos, siente cómo resuena en ti.

¿Y si hacemos lo mismo con la mente? Deja pasar cada uno de sus pensamientos, no te enredes en ellos, no los alimentes con tu atención. Dependen tanto de la fuerza que les des, que tu indiferencia les hará abandonarte uno tras otro. Pero… ¡bueno! ¿Qué es esto? Asoma algo un poco diferente, con un tinte interesante. ¡Atrápalo! Cógelo entre tus dedos y siente su tacto, huélelo, obsérvalo, escúchalo, saboréalo. ¿Te hace cosquillas? ¿Te planta una sonrisa en la cara? Dedícale un poco más de tiempo. Papel y boli (o aparatito digital, si te va más el rollo tecnológico). No permitas que se escape esa idea sin imprimirte su huella. Hazle preguntas y anota sus respuestas. Dialoga con la loca de la azotea sobre esa preciosa creación que acaba de compartir contigo. No dejes que la entierre entre otras creaciones que no te han hecho cosquillas, que no te han plantado una sonrisa.

Es curioso… Cuando la mente nos lo pone difícil, le hacemos caso. Pero cuando nos lo pone fácil… recordamos que tenemos que poner la lavadora, que la factura de la luz es sumamente cara, que la comida nos ha quedado sosa hoy… No voy a poner ejemplos dramáticos en esta lista porque, aunque en ocasiones los haya, no los necesitamos para que la mente huya. Cualquier excusa es buena para desatenderla en sus arrebatos de genialidad. Y es que… realmente, es brillante. ¡Sobre todo si le concedemos el espacio para serlo!

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La mente es el ovario que incansable produce óvulos con un gran potencial de vida. Pero, si no los fecundamos con la semilla de nuestro amor, desgarran las paredes de nuestro útero y los menstruamos. Si, por el contrario, facilitamos la concepción de esa idea… ¡daremos a luz a algo único! No te prives ni a ti ni a lxs demás de tu poder creador. Agarra esa idea que ahora mismo te hace cosquillas, que te planta una sonrisa. Nútrela con tu atención, dialoga con ella, bautízala y búscale un escenario para que baile y un corazón para que acaricie… el tuyo. Permítela nacer y vívela en cada poro. Enamórate de cada instante que compartas con ella y agradece todo lo que trae para ti. Quizás, en algún rincón, haya alguien que se vea inspiradx por tu intrépida concepción, tu paciente gestación y tu deslumbrante parto. ¡Y seguramente le entren ganas de concederse ser madre! Jejeje 🙂 Atrévete a alumbrar las ideas que te hacen cosquillas, que te plantan una sonrisa. Es la mejor muestra de gratitud que le puedes devolver a la mente por haberte permitido transformar su ruido en un regalo para el alma.

 

 

 

Invierno Yin, Invierno Introspectivo

Los días son más cortos, las noches más largas. Hace frío, llueve, nieva… Salir de casa implica doble par de calcetines, de pantalones, dos chaquetas por debajo del abrigo, quizás algo para abrigar el cuello y gorro en caso de agua o nieve. Siento los dedos de los pies y de las manos heladitos en la mañana. También retomo el ritual de quitarme las botas y ponerme las zapatillas antes de entrar en casa y así evitar continuas huellas de barro. El barro… ese intruso que discretamente despega desde el suelo para aterrizar en mi ropa (cualquier parte ubicada entre los pies y la cabeza le parece apropiada), y acelera el uso de la lavadora, el mejor invento de la humanidad según mi madre. Ya no se oye el “crash, crash” de las hojas secas bajo mis pies al caminar; en su lugar retumba el “chof, chof” los días de lluvia, o el “prup, prup” los días de hielo o nieve. Sí, esto es el invierno. Winter is here!

¡Y gracias, invierno! Es cierto que quizás bufe con más frecuencia por lo incómodo de la climatología, pero reconozco lo bienvenido que es. La tierra tenía sed, y por ahora el invierno la está complaciendo. Las nubes cumplen su función vaciándose sobre nosotrxs, alimentando ríos y regatos, pintando ese verde que crea silencios de admiración, aplacando fuegos que pedían descanso, limpiando el aire que compartimos… y pariendo charquitos para jugar.

El huerto descansa parcialmente estos meses. La cocina se despierta y pide leña y más leña que respetuosamente le suministramos. Las gallinas, en contra de lo esperado con este tiempo, se arrancan a poner huevos como si les fuera la vida en ello, así que se incrementa el tiempo destinado a la repostería en casa. Y… aunque parezca que pasan menos cosas, la verdad es que incluso pasan más! El invierno invita a introspectar.

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El invierno, la estación más yin del año. Por más que te empeñes en mantener la actividad habitual, no puedes negarte a este ritmo diferente que te impone. El sol marca los tiempos. Te acompaña durante menos horas que en otras estaciones para recordarte que necesitas descansar, reponerte, cuidarte, alimentarte mejor y volver a descubrirte en el recogimiento del hogar, de la madriguera, o del útero, ese lugar al que regresas para hablar contigo, para sentir quién eres, para silenciar el ruido que te distrae y aleja de tu propósito. La mirada se vuelca necesariamente hacia dentro, hacia ese rincón oculto en el que vas acumulando lo que en su momento fuiste desatendiendo, heridas purulentas, llantos no derramados, ira no cantada y miedos no temblados. Ese lugar en el que, si buscas, también encuentras polvo y telarañas cubriendo sueños “olvidados”, motivaciones puras y mucho amor pendiente de liberar.

El cuerpo no pide tanta fiesta, ni tanta expansión. Introspectar, emprender ese viaje hacia dentro, replegarte hacia lo desconocido que brota en tu interior y recalcular la hoja de ruta. Sí, ya, puede ser duro, puede dar muuuucha pereza, pero es necesario de vez en cuando. A veces me sorprendo descubriendo todas las lágrimas que se agolpan dentro y que no dejé salir, que tapé con una sonrisa y ¡a otra cosa, mariposa! Muchas lágrimas que nacen de una fuente cuyo origen poco a poco voy descubriendo, y que poco a poco me voy dando el permiso de sanar. Poco a poco. A fueguito lento. La dureza de toparse con las propias sombras genera un impulso de huída casi irrefrenable. La tentación de correr un es-tupido velo frente a ellas es tan fuerte… que asumimos el riesgo de postergar un aprendizaje que clama por ser descubierto. Pero… no me apetece repetir, y repetir, y repetir, y repetir. En vez de eso, me apetece encarar el miedo, aceptar que está ahí y permitir que conviva conmigo mientras me adentro más y más en la cueva invernal.

Y es que… ¿sabías que en la Medicina Tradicional China, el invierno está asociado con la emoción del miedo? Curioso, ¿no? Justo cuando disponemos de menos luz, cuando la noche se cierne sobre nosotrxs proyectando todas sus sombras. Muchachxs… ¡esto hay que verlo! Tenemos tan sumamente identificado el concepto de “luz” con positivo, y el concepto de “oscuridad” con negativo, que el encuentro con esa faceta menos linda de unx mismx lo dejamos de lado. ¿Y qué sucede si no existe ni lo bueno ni lo malo? Si ambas conviven… es porque se necesitan la una a la otra, y no hay contraste posible si desconocemos las dos protagonistas de esta historia. ¿Por qué generar conflicto alrededor de estas dos fuerzas antagónicas? Permitamos que convivan, escuchemos lo que tienen que enseñarnos, abramos las puertas al respeto, la tolerancia y la paciencia. ¡Qué fácil es predicar, ¿no?! Jejeje. Ejemplificar es otro cantar, y en ello estamos, encontrando en cada momento la oportunidad para reconocer qué sucede dentro, mientras observo qué sucede fuera. Vivir dentro, vivir fuera y poder gritar “¡abajo los muros de las prisiones!” (esto se me ha colado “anárquicamente”, pero ¡me niego a reprimir el cántico! :D)

Y… ¿sabías que en Medicina Tradicional China el sabor asociado al invierno es el salado? No sé cómo saben tus lágrimas, pero las mías saben a mar. Así que toca liberar el exceso de sal. Nos cuesta… De bebés nuestra madre nos susurra “no llores, ea, ea, ea, ea”. Crecemos con el mensaje de “llorar es de débiles”. Por no hablar del evidente disgusto que se lee en la cara de quien nos quiere cuando nos ven llorar… Así que… aprendemos a tragarlo, a guardarlo bajo la alfombra, a ocultarlo incluso de unx mismx. Pero… ¿sabes qué? No nos hace ningún bien, y tampoco hace falta. Libera el llanto de su estigma, abre las compuertas de tu pecho y permite que suceda. Es difícil, ya, ¿qué me vas a contar? Mucho llanto he ido almacenando a causa de mi dificultad para expresar la tristeza, pero lo que he aprendido, también lo puede desaprender y dejar espacio a una nueva manera de afrontar la vida, más amable, consecuente e integradora. Ahí estamos, como diría un buen amigo, el 1 antes que el 2.

Los días tienen menos luz, sí. El frío entumece los huesos, sí. Necesitamos más ropa (y más lavadoras!), sí. Pero… al igual que la naturaleza se repliega y descansa en su rebrotar y regalar cosechas, también tú y yo lo hacemos. Aprovecha esta invitación para mimarte y regenerarte. Observa qué sucede dentro de ti mientras respiras. Aunque sea por un momento, deja de lado los juicios, simplemente hazlo. Dale la mano al miedo y permite que te acompañe mientras conocéis la relación que os vincula. Cuidadín con los excesos de sal. Libera aquello que en su momento no has dejado salir y prepara un espacio acogedor para lo que tenga que venir. Recuerda que, a la vuelta de la esquina, se asoma la primavera.

Trascendiendo la dualidad

Ayer, después de dar todas las vueltas que consideraba tenía que dar por la casa, tomé asiento en este mismo taburete en el que ahora mismo reposo, encendí el mismo ordenador que ahora tecleo, hice uso de la misma determinación de venir aquí a contarte algo y… ¿sabes qué pasó? Que no sabía cómo contarte lo que te quería contar.

Improvisé un par de inicios a partir de los cuales no podía seguir fluyendo, me distraje con asuntos que normalmente no despiertan mi atención, decidí quitarme infructuosamente un pincho que tenía clavado en el dedo corazón, volví a leer lo escrito y me pregunté: “¿quién está escribiendo?” De ninguna manera era Busgosa la que escribía. ¿Entonces quién? Para… Respira… Siente… Ya. La perspectiva de que el mensaje fuera leído por otra persona distinta a mí generó una ruptura con la fuente de la que todxs bebemos. Lo único que conseguí fue expresarme como una especie de anuncio de pomada para almorranas, y te puedo asegurar que no era eso de lo que quería hablar!

¿Quién soy? ¿Quién escribe? ¿Quién lee? ¿Quién siente? En el momento en que me vivo diferente a la persona a la que me dirijo, se desvanece el mensaje. No puede haber conexión real, ni comunicación efectiva, si yo soy otra cosa que tú no eres, si tú eres algo que yo no soy. Así que… sólo queda una opción: sintonizar el mensaje que nos une, observar de frente aquello que es.

Y es que tú y yo no somos tan diferentes. Llegamos, nos vamos y, entre medias, aprendemos a vivir. En el momento en el que pongo el acento en la diferencia, me alejo de ti. Pero si mi consciencia habita en lo que compartimos… vía libre, las barreras se desvanecen. Así que no hay nada mejor para hablar contigo… ¡que hablar conmigo! Tanto “contigo”, “conmigo”, “tú”, “yo” acaba por marear un poco, ¿no? Dejémoslo estar. Todo es lo mismo.

¿Tú te acuerdas? ¿Te acuerdas de cuando eras niñx? ¿Qué ha pasado en ti desde entonces, aparte de unos cuantos años? Muchas vivencias que condicionan, muchas heridas que marcan, muchas caídas que lesionan… mucho que aprender… ¡más todavía que desaprender! Porque cuando miras hacia atrás para comprender la persona que hoy eres, puedes sentir el lastre de todo aquello que te ha hecho pupa… pero también puedes sentir la fiereza que te ha traído hasta el día de hoy, y sonreír. Puedes quedarte en el error, en el rencor, en la llaga. Y puedes vivir en el sol, en la luna, en la bravura de los ríos, en la magnanimidad de las montañas, en la fragancia de los campos recién llovidos, en el sonido del viento, en el olorcico a sal de mar, en tu intrínseca bondad y pureza. Puedes apaciguar la mente, liberar el cuerpo y recuperar la inocencia de los sentidos para que te traigan a este momento presente en el que descubrir de nuevo el mundo y disfrutar de él. Puedes caminar descalzx por la tierra, bailar la música que tu corazón compone, comer con las manos y sonreirle al espejo. Puedes ser libre, hacer y dejar de hacer, sentir quién eres en cada momento y entregárselo al mundo. Acabas de llegar a la vida y tienes la información más importante incorporada en tus entrañas. No necesitas manual de instrucciones, te sobran los cánones, las reglas no existen… ¿Relojes? ¿Calendarios? “¿El que oh?”, responderían preguntando en mi Asturias adoptiva. Permítete este ahora y respíralo, gózalo, es tuyo. Tiene sabor, olor, brilla, suena, vibra. Descúbrelo… Fúndete en él.

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No hay nada que hacer. No hay nada que hacer. No hay nada que hacer.

Expulsa lo que ya te sobra. Vacíate de penas, de llanto ahogado, de ira contenida, de culpa, de resentimiento, de miedo. Absorbe lo que necesites. Llénate de luz, de belleza, de inocencia, de fantasía, de sueños, de palabras bonitas. Tu madriguera es el mundo, tu padre el sol, tu madre la luna. Vívelo. ¿Qué puede pasar? Recuerda quién eres más allá de quién crees haber aprendido que eres.

Sí, un momento de subidón y de exaltación de la vida lo tiene cualquiera 🙂 ¡Y que perdure! Pero de pronto, en mitad del encuentro con ese recuerdo de quien unx es, nos topamos con otro ser que nos invita a formar parte de otro mundo. Un mundo en el que aparecen prisas, guiones de vida precocinados, “tienes que”, comparaciones, expectativas, fracasos, intereses, posesiones, carencias… ¡Aaaaahhh! (emoticono sudoroso que se lleva las manos a la cabeza). Bien. Respira. Relax…

Testéalo, si quieres experimentar. Encorsétate en un rol predefinido, muévete por un espacio limitado, aprende y respeta las normas del juego (o sáltatelas ateniéndote a las consecuencias). O quizás sientes que ya has tenido bastante, y que por lo tanto puedes entrar y salir del tablero a conveniencia, sin identificarte con una mera ficha cuya vida se limita a los confines de las normas.

Recuerda, haz memoria… Y vive más allá de esas casillas que de pronto se extienden en todas direcciones. Recuerda, haz memoria… Y sé consciente de que quien te invita a regresar al tablero de juego también necesita recordar que es más que una ficha, que los dados no determinan necesariamente sus movimientos y que se puede jugar a más cosas, la repetición puede llegar a aburrir si no es libremente elegida. Recuerda, haz memoria… que lo que compartimos es más grande que lo que nos hace diferentes. Que todxs aprendemos y desaprendemos. Que todxs tenemos heridas, que todxs perdemos la perspectiva, que todxs olvidamos que hemos venido a jugar. Así que recuerda, haz memoria… ¡¿Jugamos?! 🙂

Soltar… Soltar lo que no es

6 meses… Ese es el periodo de tiempo que llevo sin alimentar a Busgosa. Ya sabes cómo somos… La mínima excusa es suficiente para dejar de lado aquello que nos importa, apasiona, motiva, ilusiona… pero tememos. De repente, aparecen un montón de prioridades que ensombrecen aquello en lo que habíamos creído. La distancia nutre a la distancia, y a partir de ésta se va gestando el olvido. ¿Sabes lo positivo de este proceso? Que si hay algo que verdaderamente te enciende por dentro, su luz será lo suficientemente fuerte como para vencer el olvido, la distancia y el miedo.

6 meses para permitirme dudar, para soñar y aterrizar, para buscar y caminar, para cansarme y descansar, para alterarme y relajarme, para sumar lo que sí y restar lo que no, para ubicarme y volverme a perder, para explorarme en esta inquieta vida que tanto nos enseña. Un lapso de tiempo que, independientemente de su duración, nunca es perdido. Siempre hay una enseñanza oculta tras cada día, hora y minuto. Volver a Busgosa responde a la necesidad de descubrir cada una de ellas (viva la ambición! :P)

6 meses con Busgosa paseándose por mi mente, reclamándome y alejándome, definiendo mi extraño vínculo con ella. No te voy a engañar, mi primer objetivo al crear este blog siempre fue SER LIBRE. Pero… he de confesar que dejé de sentirme libre y, por tanto, dejé de sentir motivación por la construcción de este espacio. ¿Y sabes por qué? Por generar expectativas. Lo que nació de una pura necesidad de compartir, de acompañar, de conocernos, se convirtió en una fuente de frustración. Comencé a asociar Busgosa con unos objetivos tan alejados de este preciso instante, que la desilusión hizo acto de presencia para notificarme que esa no era la manera.

Y es que Busgosa pretende ser un espacio de ayuda. Ayuda para ti, ayuda para mí. Un espacio en el que desnudarse, un espacio en el que aprender a ser y en el que atreverse a accionar esa palanca que nos lleva a tomar mejores decisiones, a entrenar la mejor versión de nosotrxs mismxs. Ahí es na… Una vez planteado este objetivo… ¿Acaso no es humano entrar en colapso? La responsabilidad del mensaje, la elección de las palabras acordes a la realidad que se quiere crear, la necesidad obvia de generar un discurso en positivo, inspirador… ¡Qué forzado todo, no?! Ya me encantaría conocer la fórmula de la felicidad y la vida plena, ¡y compartirla! Pero la verdad es que no. La felicidad es un término huidizo.

Y ya que estamos con el temita, voy a compartir contigo una frase que apareció en mi mente durante mi adolescencia: “la felicidad se esconde tras los árboles de los bosques que nuestra mente idealiza”. Por aquel entonces también gustaba de invertir ratos en la escritura, y un día apareció sin más esa sentencia. Unos cuantos años después, me doy cuenta de lo cierta que es. A día de hoy, cuando paseó por los bosques, siento que estoy en ese lugar que había idealizado. Sus incansables estímulos me recuerdan que la felicidad está ahí, detrás de cada árbol. ¿Te comparto otra escena que siempre me arranca una sonrisa? Si te gusta disfrutar de los sonidos de los bosques, te habrás dado cuenta que es muy difícil que se manifiesten en silencio. Pues bien, a veces escucho sonidos que secuestran completamente mi atención. Las hojas se mueven y se alborotan bajo los pasos de… ¡aaaahhhh! ¡Un misterio! La vista no suele ser tan rápida como el oído y me suelo quedar con las ganas de saber qué o quién comparte escenario conmigo. Me gusta pensar que es la felicidad escondiéndose para que no la retenga eternamente conmigo, y así pueda tocar con su magia los instantes fugaces de otras personas. En ocasiones también pienso que es el Busgosu!, que viene a indicarme que estoy en el lugar y momento correctos, que todo es sencillamente como tiene que ser. Desde luego… no hay nada como conservar y mimar al niñx que seguimos siendo 😀

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Ya de vuelta de los bosques, sentada en la mesa de la cocina con mi polvoriento pero fiel portátil, con el olorcillo a galletas escabulléndose del horno y el sonido de un ratonuco correteando por el desván, me reencuentro con Busgosa, me reconcilio con ella. Para que podamos ser una, para poder cumplir ese objetivo de ser libre, necesito soltar… soltar la expectativa de crear algo maravilloso que a todxs sirva, soltar el formato prefabricado  de la psicología positiva (me gusta y sirve, pero en este espacio me constriñe), soltar la necesidad de ser mejor para poder expresarme y contribuir a algo más grande. No puedo ser quien quizás quisiera ser, hoy simplemente soy quien soy. Siento decirte que… se me expande el pecho cuando es su morador el que habla y no la mente pensante, que castra y se restringe a “lo que debería decir”. De repente hay lugar en mis pulmones para más aire cuando la espontaneidad asume el mando, cuando se libera mi verdad. Para mí estas son señales inequívocas de libertad, y son tan gratas… que no me queda otro remedio que sucumbir a aquello que favorece su presencia. Así que… sin guiones, sin pretensiones extrañas, sin expectativas lejanas de la naturaleza salvaje de Busgosa, sin nada más que aquello que me habita en este momento, te guste o no. Te abro las puertas a la magia de los bosques de Busgosa, donde de todo un poco se esconde. ¡Bienvenidx!

El Taller Móvil de Teddy

El canto de los pájaros, el destello del sol sobre hojas de todos los colores, la presencia de nuestros ancianos árboles, el sonido de un arroyo descendiendo por la montaña… La estampa es tan seductora que muchxs hemos sucumbido a su belleza para convertirla en nuestro hogar. Fluir con el ritmo del sol y la luna, inspirar profundo y disfrutar del sabor del aire que invade tus pulmones, apreciar los estímulos que el entorno te regala… Vale con creces la pena planteárselo ¡y dar pasos en esa dirección!

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La vida en el campo, la vuelta a la naturaleza, es un sueño para muchxs. Allá a lo lejos, en la fantasía, es perfecto. La magia de lo sencillo le traerá paz a tu alma, tendrás mucho tiempo para hacer lo que más disfrutes y tu salud se verá restaurada. Bien, una vez el sueño se va acomodando en la realidad, confirmas que tenías razón y tu alma se sincroniza con la magia de lo sencillo, aprovechas el impulso para hacer aquello que más disfrutas y, simplemente, te encuentras mejor. Pero… ¡eso sí! Mientras la vida se va asentando en su nuevo orden, comienzas a darte cuenta de que un chasquido de dedos no es suficiente para materializar todo aquello que habías idealizado…

Pasar de la ciudad al campo implica asumir muchos nuevos cambios, aprender cosas sencillas pero importantes que hasta ese momento no habían sido necesarias y… ¡trabajar! La ilusión de ese comienzo te hace motivarte en esa auto-reinvención, asumiendo que te queda un largo camino que recorrer desde lo urbano hasta lo rural, desde lo estandarizado hasta lo salvaje. El cuerpo, la mente y el espíritu se alinean (con caaaaaaaaaalma) en ese tránsito en el que eres un/a extrañx para ti mismx… ¡Sencillamente emocionante! A veces puedes caer en el desánimo y observar un camino demasiado largo hacia una meta demasiado lejana. Otras, te aplicas el ungüento “amorcito para mi corazoncito” y aceptas que no existe meta más amable que el propio camino… y comienzas a disfrutarte, a darte la oportunidad de tenerte paciencia, de saborear con humildad tu ignorancia, de reconocer la originalidad de la creación a través de tu propia existencia.

A día de hoy, camino. Estuve en un punto ayer, desconozco el punto en el que estaré mañana, pero mi mirada curiosa me empuja a desentrañar el punto en el que hoy estoy. Por supuesto, este punto acoge más enseñanzas de las que puedo asimilar, pero procuro mantener las prisas a raya. Sueño, me agito al ver la distancia que me separa de aquello que sueño y luego comienzo un caótico caminar que poco a poco va adquiriendo unos sutiles tintes de orden. Lo importante es caminar, ya mis pasos se reorientarán hacia donde corresponda a medida que los aprendizajes se integren en toda esta estructura que conforma la experiencia humana.

Algo que me anima muchísimo a la hora de vivir esos sueños es descubrir que otrxs también se atrevieron a soñar, a caminar, a aprender. Mi último “descubrimiento” es Detlef Teichert, una inspiración de dos patas y cuatro ruedas. Alemán de 60 años que ha desarrollado su ingenio y creatividad al servicio de múltiples comunidades alternativas en el medio rural. De hecho, gran parte de su experiencia sirvió a Matavenero, pueblo leonés que tuve el acierto de visitar hace unos años. Allí, Teddy desarrolló y amplió el sistema de aguas, impidiendo la erosión de caminos y adaptando tecnologías que facilitaran la vida de la comunidad, como pueden ser el teleférico y la ducha solar. Simplemente, me encanta ver de lo que somos capaces con pocos medios pero muchas ganas.

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Así que Teddy se ocupa de que los proyectos alternativos en el medio rural que lo precisen puedan contar con un sistema de aguas: suministro, reutilización, reciclaje… Enumerar todo aquello en lo que este maestro ha conseguido entrenar sus destrezas excedería mis pretensiones a la hora de compartir esta entrada en Busgosa, pero como sé que te has quedado con ganillas de más, puedes acceder directamente a su página pinchando aquí.

Damos por hecho que el agua está dispuesta a visitarnos a través de nuestros grifos, pero para poder llegar hasta ahí ha necesitado hacer un largo viaje. Teddy ha sabido compartir ese viaje con el agua y convencerla para que visite a quien precisa de ella. Pocos gestos hay más gentiles que este.

Para dar respuesta a estas necesidades tan vitales como son el acceso al agua y la energía, Teddy plantea su Taller Móvil, un camión equipado con un sistema solar y un contenedor-taller en el que disponer de todas las herramientas necesarias para materializar los sueños de aquellxs que se han atrevido a apostar por un estilo de vida más sostenible. Ahora bien, como sabrás, todo proyecto necesita de apoyo, y el Taller Móvil de Teddy precisa de un empujoncito para poder seguir sirviendo, a su vez, a otros muchos proyectos. Es por ello que ha lanzado una campaña de crowdfunding a través de Goteo.org. Si quieres conocer más a fondo su propuesta e incluso apoyarle con tu pequeña o gran donación, visita su proyecto haciendo click aquí.

Gracias a todas las personas que, como Teddy, escucháis aquello que vuestros corazones os susurran, inspiráis a aquellxs que en algún momento dudan/dudamos y os atrevéis con cambios verdaderamente significativos. Sois muchxs, diversxs y geniales! Gracias, gracias, gracias!

Y ya que voy terminando por hoy… desearte fuerza para atender a lo que se te presente, claridad para discernir en los momentos en los que la confusión pueda abotargar tu mente y amor para emprender un ahora en conexión con todo.

La magia de San Juan

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Mi hoguera de San Juan

La noche más corta del año, el día más largo, ha llegado. Al margen de discusiones acerca de la fecha exacta, asistimos a un periodo del año en que el Sol nos regala su energía, recargándonos la batería con su fuerza y magnetismo. Desde el invierno, le ha ido robando discretamente horas a la noche, y ya toca poco a poco ceder al encanto de la dama Luna que, desde el solsticio de verano, vuelve a ganar tímidamente protagonismo en los cielos estrellados.

Y es en este momento de máximo apogeo del Sol cuando, a lo largo de todo el globo, celebramos nuestra comunión con el astro. Unxs de una manera, otrxs de otra, pero todxs coincidimos en que hay que hacer un alto en el calendario para rendirle homenaje, a la vez que revisamos nuestra posición en la Tierra. Rituales de todo tipo se han ido tejiendo a lo largo de la historia para celebrar este momento tan mágico e íntimo del año, configurando una red de fiestas que se han ido adaptando a todos los credos conservando su carácter eminentemente pagano.

Saltamos hogueras, saltamos las olas del mar, nos bañamos en agüita dulce o salá, recogemos hierbas curativas, potenciamos nuestra clarividencia en manchas de huevo o café, comemos, bebemos… festejamos! El paso de las estaciones culmina en el generoso verano, que nos brinda luz y alimento, recordándonos que estamos provistxs de todo lo que necesitamos para vivir en esta Tierra y ser felices en ella.

Cada día es una oportunidad para conocer un nuevo “hoy” en el que descubrir el mundo por primera vez. Si bien es un ejercicio diario para el que podamos encontrar infinidad de excusas en contra (inercias en forma de preocupaciones, miedos, resentimientos y culpas), cierto es que en nuestra mano está posicionarnos en esa intención, haciéndola cada vez más real. La noche y día de San Juan son un momento idóneo para hacerlo con plena consciencia, a sabiendas que los cambios ejercidos por el Sol en la Tierra sin duda ejercen un cambio sobre ti. Y si consideras que esta fecha no es la más indicada para ti por el motivo que fuera, por sea cual sea la situación que atraviesas, recuerda que la magia está disponible para ti en el momento en que tú le haces un hueco en tu vida.

¿Y por qué no? Regálate ese momento. Respira en la noche y siente como en cada expiración se libera aquello que sobra en tu vida, mientras en cada inspiración te llenas con la plenitud que te mereces. Respira el ahora, nada más. Todo lo demás deja de existir para fundirte con un presente eterno que te pertenece. Aprovecha los elementos que están a tu disposición:

  • Purifícate con el fuego. Tú creas tu propio ritual con él. Puedes saltar por encima las nueve veces de rigor que en mi tierra se estipula, o puedes quemar en él un papel en el que figure todo aquello que desees alejar de tu vida. Sobre todo puedes contemplarlo y fundirte con su poder para centrarte en el momento presente. Siente que un pedacito de Sol vibra frente a ti y nútrete con su energía.
  • Renuévate con el agua. Puedes saltar las olas sintiendo que, al igual que ellas, todo en la vida viene y va. “Ondiñas veñen, ondiñas veñen. Ondiñas veñen e van!” Excepto aquello que permanece eterno e inmutable y sobre lo que a menudo perdemos la consciencia. Báñate en el mar, en el río, en la bañera o sumerge tu rostro en el lavabo de tu baño. Siente como te acaricia el agua que te rodea y como ésta se lleva todo aquello que ya no te sirve, que te pesa. Lava tus heridas y permite que se ablanden. El agua se encarga del resto.
  • Fúndete con la tierra. Quizás quieras recoger alguna planta que te ayude en lo que necesites en esta fecha en la que el Sol propicia que sus principios activos sean más fuertes. Siente cada paso y agradece cada regalo que se le brinda a tus sentidos. Eres parte de todo.
  • Libérate con el aire. Hagas lo que hagas, recuerda respirar, renacer en cada respiración, dejar que el ahora entre en ti y que salgan el antes y el después. Respira. Respira. Respira.

Eres libre de crear este momento, de fundirte en él y ser plenamente presente en cada recoveco suyo/tuyo. Ayúdate de lo que precises. Acompáñate de quien quieras o regálate un instante de soledad. Nadie mejor que tú para construir ese espacio en el que ser libre y amar, para reconciliarte contigo mismx y con el mundo, para recordar quien eres y por qué estás aquí. Créete merecedor/a de la vida que custodias y mímala, pues nadie más va a vivirla por ti.

Feliz San Juan, feliz Vida.

La ilusión del comienzo

By Esther Kiras
Brota la vida

 

Después de mucho pasear por la idea, después de mucho teorizar sobre las posibilidades, aquí me tienes, nuevamente sentada acariciando las teclas y permitiéndome escuchar lo que éstas me revelan en cada línea. Cada exhalación me vacía de aquello que creí haber aprendido acerca de quien era, y cada inhalación me llena de la incertidumbre e ilusión de quien todavía no lo ha descubierto, pero quiere hacerlo. Toda una aventura, toda una historia digna de ser contada, compartida… vivida.

Hay muchas maneras de hacer las cosas, y buscamos continuamente modelos que nos ayuden a tomar decisiones, a fluir con la vida. Pues bien… en este mismo instante desaparece todo, lo conocido, lo que queda por conocer. Simplemente existe mi respiración, mi latir… comienzo a existir. No existe ni lo bueno, ni lo malo, el juicio se autoaniquila por carencia de necesidad. No existe un camino trazado que pisotear inerte a cada paso. La libertad comienza a despertar, y una nueva forma de aprender se asoma entre los pliegues dormidos de mi consciencia.

Necesito este espacio para ayudarme en ese continuo vaciar y llenar de pulmones. Necesito esta mano invisible que me guía en la oscuridad, me orienta entre la niebla, me acompaña mientras aclimato mis ojos a la visión de la verdadera sencillez que cada instante transpira. Tan sencillo que por momentos parece complicado.

A veces siento miedo. Miedo de contradecirme, miedo de negarme al cambio en mi afán por no contradecirme, miedo de enredarme en las palabras y alejarlas de lo que quiero decir, miedo, miedos varios. ¿No los sientes tú? ¿Y no sería más fácil observarlos y despedirse benévolamente de ellos mientras nos entregamos a lo que cada momento nos regala? Vivimos inmersxs en un mar de posibilidades de aprender a tomar decisiones diferentes, de crear en nosotrxs esos cambios que echamos en falta cuando nos relacionamos con lxs demás: agresividad, envidia, murmuraciones, egoísmo… Pero muchas veces nos es más fácil acomodarnos en el victimismo, en el sentimiento de impotencia o en el juez que reparte culpas mientras omite su propia responsabilidad. Y perpetuamos nuestro rol, lo estancamos, nos identificamos con él y nos impedimos evolucionar, aprender, ser dichosxs de la vida que se nos ha encomendado, disfrutando de sus recovecos, misterios y oportunidades.

Nadie está libre de este trabajo, ni tú, ni yo, ni el Rey, ni el Papa. Y cada unx lo vamos haciendo como vamos pudiendo, como hemos aprendido o como nuestro apego al miedo nos lo permite. Luces y sombras bailan en cada unx de nosotrxs, atrapadas en una convivencia a veces feroz, a veces sosegada. Si es que la convivencia… es lo que tiene! Una no existe sin la otra, ambas forman parte de una misma danza en la que avanzan y retroceden al son de una melodía tan antigua como el tiempo. Me apetece asistir a este baile, fundirme en su música y SER bailarina. Bailar con las palabras, bailar con la red y bailar contigo, si me lo permites.

Así que por aquí andaré, bailando, descubriendo cosillas que pueda compartir contigo, desenmascarando emociones, mirándome al espejo de las palabras que tanto te dicen ahí calladas. Atendiendo a mis inquietudes autoindagatorias, no me queda otra que crear este rincón en el que atesorar la brújula que me redireccione a mí mismx, y a la naturaleza de la que soy parte. Bienvenidx a este espacio, tan mío como tuyo. Podrás reconocerte en mis palabras, o podrás quizás sentir que eres lo diametralmente opuesto. Ambas opciones tienen cabida en la dualidad que nos esclaviza. Sea cual sea tu reacción, gracias por estar ahí y compartir este rato conmigo.